
Todos sabemos que las cosas tienen un final, nada en esta vida se nos presento como eterno.
Sabemos que todo lo bueno, y lo malo también, en algún momento se acaba.
Nunca nos prometieron compañía eterna, ni productos mágicos que nunca dejen de abastecerse.
Todo tiene un fin, un vencimiento, un momento en donde caduca. Sin embargo se nos hace tan difícil aceptar las partidas, las despedidas. Cuando nos acostumbramos a lo que hacemos, o a lo que tenemos, no le damos importancia, y muchos actos son mismos de la inercia, pero, ¿que pasa cuando esto se termina? Nos negamos rotundamente a la idea de que no trabajamos más en tal lado, o que ese novio que teníamos nos dejó. O que la abuela ya no pertenecía más a este mundo, y llegó el momento de partir. De DEJAR IR.
Duele tanto, que nos ponemos duros, buscamos culpables, el dolor irrumpe en nosotros y nos congela el alma, y hasta sentimos que no queremos seguir más. Pero detrás del escenario de la vida, los actores principales, y los secundarios, está el director. El es quién maneja nuestro papel, y decide cuando ese papel deja de existir. Nos cuesta golpearnos con eso, pero debemos entender que la vida es un préstamo que alguien celestial nos hizo, ESTAMOS DE PASO.
No pertenecemos a este lugar, y hemos estado en un envase retornable, por mas que nos revolquemos, debemos aceptar que la misión de estar hoy en esta tierra, es hacer felices a la mayor gente que Dios crea indicada, debemos estar preparados para la despedida, porque no sabemos cuando, pero si TENEMOS LA CERTEZA DE QUE A TODOS NOS VA A LLEGAR.
El camino que transitamos lo recorremos solos, los demás son parte del camino, pero no de nuestros triunfos, no fracasos, son todas experiencias que nos enseñan cosas, para que el día que no estemos más caminando por tierra firme, toda la gente que nos conoció, lleven en su pecho nuestros valores, o todas las cosas que podemos decir que hemos aprendido, y nos hicieron mejores personas.
Las presencias, dejan de estar, pero el amor, la felicidad, o el dolor, son cosas que a través de los años han resistido, ellas si que no desaparecen, por eso tenemos todas las herramientas para decidir que queremos hacer: dejar huellas de dolor, o enseñar como vivir y ser feliz.
Que la gente recuerde de vos un sabor amargo, o simplemente se escape una sonrisa al evocar nuestro nombre.
Tenemos las herramientas en nuestro poder, construyamos el legado que queremos dejar, y no busquemos culpables a las decisiones de la vida, es el curso normal que deben tomar las cosas.
De otra manera, si sería injusto. Pongamos esmero y no dejemos que pase un solo día sin hacer saber lo que sentimos a la gente que consideramos importante, porque no sabemos cuando va a aparecer el cobro de este alquiler...
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